miércoles, 25 de enero de 2017

Cuando la víctima no es la víctima. Por Iroel Sánchez 25 enero, 2017



“Soy la víctima”, dice el victimario de tanta verdad.  “Una jauría con hambre atrasada” persigue, según él mismo, al muchas veces lobo de quienes no abandonan la institucionalidad. “Fuerzas oscurantistas” lo quieren eliminar,  afirma el autor de frases como: “Es importante ir marcando a cada uno de los escribas para no dejarnos engañar. Ya conocemos a uno pero vendrán otros, recordemoslos.” (sic)
“Me hacen guerra sucia”, grita el promotor de entrevistas apócrifas suscritas por anónimos autores. Sin embargo, a la víctima nunca le han hecho un clon de su blog, le han hackeado sus correos electrónicos, o le han duplicado sus cuentas en en Twitter y Facebook, ni le han cerrado su perfil en una red social, tampoco “ciberguerreros” lo han amenazado con llevarlo a un tribunal. Esa es la “guerra limpia” que nos toca enfrentar. 
Pero veamos de esta extraña víctima algo de su trayectoria limpia y también ejemplar, si no son actos de “guerra sucia”, no sé qué serán:
  • La víctima miente sobre el Presidente del país, Comandante en Jefe Fidel Castro, quien respondió y le llamó “el más mentiroso. Pero la víctima ahí siguió, mintiendo. 
  • La víctima miente sobre la revista Temas y su director, Rafael Hernández, le responde, llamando su trabajo “intento de desnaturalización y tergiversación”. Pero la víctima ahí siguió, mintiendo. 
  • La víctima miente sobre el director de la revista La Calle del medio, Enrique Ubieta, y este le responde que  “o no leyó nada o no sabe leer, o manipula a su antojo lo leído”. Pero la víctima ahí siguió, mintiendo. 
  • La víctima miente sobre una huelga de hambre que nunca existió y terminó siendo conocida como “la huelga del aguacate”, la televisión cubana la desmintió. Pero la víctima ahí siguió, mintiendo. 
  • La víctima miente sobre un joven que según él “no entendía que se le prohibiera visitar el lugar donde cayó el Che en Bolivia”: La realidad lo desmintió: el joven de marras ha dado la vuelta al mundo pagado por potencias extranjeras aunque aún no ha puesto un pie en el altiplano de los quechuas y los aymaras. Pero la víctima ahí siguió, mintiendo. 
  • La víctima mintió sobre la delegación de la sociedad civil cubana que fue a la Cumbre de las Américas en Panamá, varios de sus integrantes lo desmintieron, incluyendo líderes de importantes organizaciones cubanas como el entonces Presidente de la Federación Estudiantil Universitaria, Yosvani Montano. Hubo un rico debate en que la víctima se hizo la víctima  y ahí siguió, mintiendo. 
  • La víctima mintió sobre el coordinador de la organización de solidaridad Cuba Sí, Justo Cruz, y este lo desmintió a través de una enérgica “Carta abierta“. Pero la víctima ahí siguió, mintiendo.
  • La víctima mintió sobre la asistencia del Vicepresidente cubano, Miguel Díaz Canel, a una reunión de la Unión de Periodistas y otros temas relacionados con esa organización, la Vicepresidenta de ese gremio, Aixa Hevia, lo desmintió, una vez más la víctima se hizo la víctima y ahí siguió, mintiendo. 
  • La víctima anunció el regreso de 35 000 delincuentes deportados desde Estados Unidos a raíz de los nuevos acuerdos migratorios entre ese país y Cuba. El subdirector de América del Norte de la cancillería cubana, Gustavo Machín, lo desmintió en la televisión. Es la más reciente, no la última, de las mentiras de la víctima.  
Hay mucho más, se trata solo de una pequeña selección de las ocasiones en que la víctima ha victimizado la verdad, muy lejos del periodismo de “argumentos y propuestas” que dice defender.  
La víctima denuncia que un “ejército de ciberguerreros no puede alcanzarnos así que presiona a las autoridades para que nos eliminen” pero lo que se observa a simple vista es lo contrario: “el ejército de ciberguerreros” ataca a “las autoridades” que señalan sus mentiras. Quien no lo crea puede acudir a los ataques recibidos en espacios de Internet por varias de las autoridades mencionadas en la relación anterior cuando han desmentido a la víctima.
Lejos de su patética puesta en escena de un martirio, la víctima ahí seguirá, mintiendo, porque en el amarillismo la verdad es algo absolutamente secundario y puede sacrificarse si hacerlo atrae lectores, aplausos y todo eso que la víctima atribuye a sus adversarios -“dinero, excelente conexión ADSL a internet, oficinas, automóviles, gasolina, dólares para viajes al extranjero…”-, revelando torpemente, no los atributos de quienes lo denuncian, sino las motivaciones que le son propias a quien no puede concebir se actúe solo por convicción y apego a la verdad.

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