martes, 9 de febrero de 2016

#PinarDelRío ‘’Tres Papas en #Cuba sin un “choque de trenes”


A fines de 1997, redacciones y corresponsales del mundo se alistaban para un acontecimiento que desde el anuncio suscitaba un abanico tal de opiniones, que llevó a decir al Premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez, que el encuentro que vendría entre Fidel Castro y Karol Wojtyla, iba a ser como un “choque de trenes” y nadie se lo quería perder.
El pueblo de Cuba bregaba con el único acompañamiento de la inconmensurable solidaridad de los “pobres de la tierra”, frente a los más desastrosos pronósticos, luego del derrumbe del campo socialista y el ascenso de la utopía neoliberal. Solos, solitos, los isleños habían aceptado el reto de defender las conquistas de la Revolución.

Wojtyla, el Papa Juan Pablo II, cuyas encíclicas sublimaban el tufillo del Consenso de Washington, podría ser el humano y la autoridad eclesial que diera el empujón para la caída del socialismo en Cuba, como le atribuían en Polonia, su tierra natal, y otros lugares.
El llamado Papa Viajero había visto correr mucha agua bajo los puentes, y sabía que el líder cubano le dispensaría las mayores atenciones, como hizo el resto de la población, pero que también sus metas y rumbos estaban tan diáfanos, que solo el acercamiento respetuoso podría llevar a buen puerto una visita pastoral.
Así fue. No hubo tal “choque de trenes”. Juan Pablo II y los obispos cubanos dijeron cuanto quisieron, en una asombrosa democracia y libertad de culto que derrumbó muchos mitos, pero el Obispo de Roma se ganó, entre los ultras y mafiosos miamenses, un motete despectivo de “comunista”.
Juan Pablo II descendería del Airbus de Alitalia, en La Habana, el 21 de enero de 1998 y departiría con creyentes y no creyentes, hasta el 25 del propio mes para una visita antecedida de una del líder cubano al Vaticano en noviembre de 1996.
Se dice, con la tautología propia de Internet, que en el Vaticano se produjo un diálogo, no confirmado, que marca una constante en las visitas posteriores de Benedicto XVI yFrancisco, respectivamente. El Pontífice habría propuesto a Fidel que “Cuba se abriera al mundo y que el mundo se abriera a Cuba”, a lo que Fidel recordó coloquialmente, el bloqueo que aún sufre la Isla por parte de Estados Unidos.
Durante las misas en las ciudades de Santa Clara, Camagüey, Santiago de Cuba y La Habana, en la Plaza de la Revolución, ante miles de cubanos, Juan Pablo II, se refirió a un concepto novedoso para la doctrina social de la Iglesia católica, y fértil en tierra cubana: abogó por la “Globalización de la Solidaridad”.
El brasileño Frei Betto ha contado que, después de la visita de Juan Pablo II, el teólogo italiano Giulio Girardi, en un almuerzo con Fidel, comentó que consideraba excesivo que el Papa presentara a la Virgen de la Caridad con una corona de oro. A lo que Fidel reaccionó diciendo: “La Virgen de la Caridad no es sólo la patrona de los católicos; es la patrona de Cuba”. (Sic.)

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